
La verdad es que nunca me había sentido tentado de escribir un blog o, en general, crear algún tipo de espacio en la Red. Sin embargo, me topé con un “loco” del blogging,
Enrique Dans. Enrique es profesor del Instituto de Empresa, la misma institución por la que obtuve mi MBA. En la clase de Dirección de Tecnologías de Información, nuestro profesor, Fernando Aparicio, tuvo la gran idea de invitar a Enrique a mostrarnos su visión de este fenómeno. Y tengo que decir que me quedé fascinado (yo y muchos de mis compañeros).
Hasta escuchar a Enrique pensaba que esto del blogging era perder el tiempo. No voy a insistir en la importancia de comprender este fenómeno, especialmente para las empresas, para ello os remito a escudriñar el
blog de Enrique, especialmente visitad este post sobre
bibliografía.
Puede que alguien piense que esto puede estar bien para las empresas “convencionales” pero no para las biotecnológicas y mucho menos para difundir la ciencia. A ellos les animo a que visiten los
blogs de Nature, siete, en el momento de publicar este post. Incluso hay uno dedicado a discutir sobre el sistema de peer review utilizado por la propia publicación y sus homólogas de prestigio.
¿Cuál es la intención de crear estos blogs? La editorial de
Nature Neuroscience de enero de 2006 lo aclara de forma elocuente ya que “aunque nuestros autores y evaluadores no son del todo tímidos expresando sus opiniones, obtenemos relativamente poco feedback de la gente que más nos interesa- nuestros lectores” y es que es fundamental que escuchemos la voz de nuestros clientes en el nuevo mercado en el que nos encontramos en el que el marketing empieza a entenderse como una
conversación.
Otro artículo de
Nature (a secas) de diciembre de 2005 también comenta que los blogs, aunque muy populares en otras áreas, aún no han sido adoptados por los científicos. Al menos los veteranos. Los jóvenes científicos empiezan a pensar que están dejando pasar un modo de comunicarse entre ellos y el público. Los defensores de la idea dicen que los blogs ofrecen un gran foro para completar el sistema del peer review. Es un sistema que potenciará la generación de ideas antes de la publicación y la discusión de los resultados después de la misma.
En mi opinión esto está muy bien en el plano teórico pero no creo que ningún científico quiera discutir con sus colegas de otros grupos (léase, competidores) sus ideas antes de verlas en el blanco sobre negro de una publicación de prestigio. Eso sí, es cierto que se podrá sacar partido de la discusión en profundidad de los datos.
Otra utilidad señalada en el artículo de Nature es conseguir que la comunidad científica piense en algún tema en concreto. El biólogo Paul Myers de la Universidad de Minnesota dice: “pon una descripción de un artículo científico tuyo en el blog…y gente muy alejada de tu círculo comienza a pensar en ello”. Es más, un epidemiólogo que escribe un
blog sobre salud pública dice sentirse muy satisfecho con su “audiencia” de 1500 personas, “más del doble que algunas publicaciones especializadas”.
Claro, no todo el mundo está de acuerdo con esta visión. El problema es que las mentiras o las equivocaciones pueden transmitirse a la misma velocidad que los conocimientos citando una y otra vez la fuente errónea. Repetiton is law dicen al otro lado del charco. Al final las falsedades se pueden elevar a verdades en la conciencia colectiva.
Algunos científicos no bloguean por temor a que la mala imagen del medio afecte a sus carreras. Creo que la potencia que se experimenta en un modo de comunicación tan rápido, directo y universal es imparable, incluso en el entorno científico. ¿Puede haber algún modo en que los científicos se sientan seguros sin afectar a la espontaneidad propia del blog? Espero que la solución no sea lejana.
Si bien está claro, al menos para mí, la importancia de comunicarse con el mercado y para la ciencia parece que también es útil usar de los blogs, ¿qué pasa en el sector biotecnológico que está a caballo entre ambas? Se me ocurren varias cosas a priori. El blog es una herramienta para comunicarse con los futuros inversores, máxime en un sector tan necesitado de fondos provenientes de diversas fuentes. ¡Qué mejor manera de tranquilizar a un potencial inversor que contestar a sus preguntas mediante un diálogo más o menos prolongado y posiblemente anónimo antes de hacerle viajar a la sede de la compañía! Y qué medio para darnos a conocer antes de salir a bolsa. Para ello, explicar la ciencia de manera divulgativa no hará ningún daño. Ahora bien, es cierto que existe un riesgo de desvelar información confidencial. Nada más fácil de evitar: solo se puede hablar de aquello que esté patentado y, por tanto, es información protegida y disponible para cualquiera con un ordenador.
¿Alguien compra la idea? Volveré sobre ello más adelante porque intuyo que se puede sacar mucho jugo a los blog en las biotech, dejadme pensarlo.
De momento, los blogs de Nature y otros similares nos permiten comunicarnos fácilmente con los popes científicos y obtener mucha y buena información científica a coste cero. Bienvenidos sean.